El mar se abrazó al destino.
Y el viento forjó el camino.
Así, una mañana de domingo,
se dispuso a viajar conmigo.
Contracorriente.
Cuando zarpamos, el cielo morado estaba.
El sol no llegaba y la luna aún se miraba.
A lo lejos. Como siempre.
Vos, siempre tan llena, tan viva,
no te importó nunca el agua de mar fría.
A cualquier hora, siempre mía.
Apenas la luna escondida se hacía brillante.
Apenas tuve el tiempo de mirarte.
Siempre mía, mía siempre.
Triste fue después de la tercera luna,
cuando quise encontrar en tus ojos una cuna,
y no había ni madre, ni luna, ni cuna. Ninguna.
Y el viento forjó el camino.
Así, una mañana de domingo,
se dispuso a viajar conmigo.
Contracorriente.
Cuando zarpamos, el cielo morado estaba.
El sol no llegaba y la luna aún se miraba.
A lo lejos. Como siempre.
Vos, siempre tan llena, tan viva,
no te importó nunca el agua de mar fría.
A cualquier hora, siempre mía.
Apenas la luna escondida se hacía brillante.
Apenas tuve el tiempo de mirarte.
Siempre mía, mía siempre.
Triste fue después de la tercera luna,
cuando quise encontrar en tus ojos una cuna,
y no había ni madre, ni luna, ni cuna. Ninguna.
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