Cuento para contar.

Teniendo ganas de querer seguir,
y sabiendo las penas que debo describir,
me dispongo, ecuánime, a contarte la historia
hasta que yo mismo me quede dormido entre tanta discordia.

"La historia cuenta que hubo alguien en su momento
que tenía el reino, la corona y hasta su propio monumento.
Pero un día sólo pensó en si misma
y a partir de ese momento perdió su propio carisma."

Te estás quedando dormido, pero se que querés saber en que termina,
así que para no cansarte con el cuento, te explico como culmina.

"Fue tan y tan narcisista que mandó a hacer espejos con su reflejo,
y llegó al punto de que ella quedara atrapada en su azulejo."

Así es como terminan las historias de las malas personas.
Así es como entendemos porque la arena siempre besa a las olas.

Y así es como de colores, en sepia, al revés, buscando y sin encontrar, sin buscar y encontrando, oliendo y aprendiendo, escuchando y enamorando, besando y cumpliendo, variando durante el día, conceptualizando con la luna, respirando con el sol, sintiendo una y otra vez... 

Comprendiendo todo lo que me hace estar acá, vivo, más fuerte.
Entendiendo todo lo que me hizo estar acá, vivo, más demente.

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