Soy el habitante de la estación. Aquel que vive de una canción.
Alguien que sólo busca un poco de su ración.
Cierto día, todos los horizontes anunciaban la llegada.
Su llegada.
Y yo estaba igual que un perro cuando encuentra a su dueña.
Y mis manos ásperas de esperar, casi de piedra, casi de sangre y arena,
sucumbieron, poco a poco, mientras ella se dejaba llevar, haciéndonse eterna.
Alguien que sólo busca un poco de su ración.
Cierto día, todos los horizontes anunciaban la llegada.
Su llegada.
Y yo estaba igual que un perro cuando encuentra a su dueña.
Y mis manos ásperas de esperar, casi de piedra, casi de sangre y arena,
sucumbieron, poco a poco, mientras ella se dejaba llevar, haciéndonse eterna.
Comentarios