Yo fui creado por la fusión de agua, sangre y tinta, en un molde de barro, tallado a mano y moldeado con saliva. De mi infancia recuerdo mis tardes infinitas jugando con legos, mis inicios en la religión de correr tras un balón, lo inútil que era para escalar y trepar, lo lento que era para perseguir, lo bueno que era para dominó, ajedrez, Uno; lo terriblemente curioso, tanto como para armar y desarmar casi que todo artefacto que me encontraba; mi sueño de ser astronauta.
Le temo al hecho de no poder dejar huella en esta tierra inerte y sueño con una paz interior que me permita tener una familia, muchos hijos e hijas y muchísimo tiempo para darles.
Para mí la muerte es un anexo de la vida, no es su par opuesto. Es una extensión, una expansión, es el país al otro lado de la frontera.
Yo creo en mí, me autoevalúo, me castigo, me propongo, me engaño, me fallo, me recupero, me regenero, me condiciono, me traiciono, me dedico. Mi única condición es la lealtad.
"Los míos" son personas distintas a mí, que de una u otra forma llegar a representar un pedazo de mi tiempo, una decisión, un anhelo, una duda, un lugar.
A decir verdad no sé cómo me perciben los otros, creo que soy un tornasol y cada persona me ve como un reflejo de alguna característica de sí misma.
Mi otro yo es traicionero, terco, explosivo, cuyos fines justifican sus medios.
Yo con mi otro hacía los demás yo es variable, dependiendo de la afinidad de mi yo o mi otro yo con esa persona.
Yo con el de afuera es plano y simple de entrada y puede mantenerse así, puede hacerse un laberinto o puede hacerse un paraje.
Yo con lo más adentro es la batalla más dura que debe existir, lograr el equilibrio es tan duro como primordial. La estabilidad no es pan de cada día.
Mi cuerpo es frágil y denso, caliente y tenso, justo como cualquier otro. Mi inmaterialidad es intocable, celosamente escondido, protegido y resguardado, casi sagrado y de matices grisáceos.
Soy limitado en la disciplina, la voluntad, la fuerza, el empeño; sin embargo, tengo lealtad, potencialidad, honestidad y espontaneidad como virtudes.
Me duele la vida porque estoy vivo, me duele la muerte porque estoy vivo, me duele el corazón porque estoy vivo.
¿Qué amo? Amo el sol de la mañana, la brisa fresca cerca del anochecer, el aroma a mujer, las buenas decisiones, la esperanza, los abrazos, la lluvia al caer la noche, el café como ritual, los besos bien dados, la sensación de poder, las miradas penetrantes, el afecto desmedido, el paso despreocupado, el color del progreso, la sonrisa que te dice que todo va bien, el cariño de mi mamá, el vigor de mi papá, la inhalación de fuerza, la exhalación de orgullo.
Le temo al hecho de no poder dejar huella en esta tierra inerte y sueño con una paz interior que me permita tener una familia, muchos hijos e hijas y muchísimo tiempo para darles.
Para mí la muerte es un anexo de la vida, no es su par opuesto. Es una extensión, una expansión, es el país al otro lado de la frontera.
Yo creo en mí, me autoevalúo, me castigo, me propongo, me engaño, me fallo, me recupero, me regenero, me condiciono, me traiciono, me dedico. Mi única condición es la lealtad.
"Los míos" son personas distintas a mí, que de una u otra forma llegar a representar un pedazo de mi tiempo, una decisión, un anhelo, una duda, un lugar.
A decir verdad no sé cómo me perciben los otros, creo que soy un tornasol y cada persona me ve como un reflejo de alguna característica de sí misma.
Mi otro yo es traicionero, terco, explosivo, cuyos fines justifican sus medios.
Yo con mi otro hacía los demás yo es variable, dependiendo de la afinidad de mi yo o mi otro yo con esa persona.
Yo con el de afuera es plano y simple de entrada y puede mantenerse así, puede hacerse un laberinto o puede hacerse un paraje.
Yo con lo más adentro es la batalla más dura que debe existir, lograr el equilibrio es tan duro como primordial. La estabilidad no es pan de cada día.
Mi cuerpo es frágil y denso, caliente y tenso, justo como cualquier otro. Mi inmaterialidad es intocable, celosamente escondido, protegido y resguardado, casi sagrado y de matices grisáceos.
Soy limitado en la disciplina, la voluntad, la fuerza, el empeño; sin embargo, tengo lealtad, potencialidad, honestidad y espontaneidad como virtudes.
Me duele la vida porque estoy vivo, me duele la muerte porque estoy vivo, me duele el corazón porque estoy vivo.
¿Qué amo? Amo el sol de la mañana, la brisa fresca cerca del anochecer, el aroma a mujer, las buenas decisiones, la esperanza, los abrazos, la lluvia al caer la noche, el café como ritual, los besos bien dados, la sensación de poder, las miradas penetrantes, el afecto desmedido, el paso despreocupado, el color del progreso, la sonrisa que te dice que todo va bien, el cariño de mi mamá, el vigor de mi papá, la inhalación de fuerza, la exhalación de orgullo.
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