FQ.

A la sombra de una nueva esquina,
sin importar la hora, sólo el día,
aquella sonrisa reluciente que brilla para mi
se implantó en formas indefinidas,
guiadas por el agrado de sentir, de creer, de vivir.

Esos momentos a veces elocuentes,
a veces inútiles de hablar pero llenas de decisión,
percibidos sólo con los ojos cerrados,
entre telas de todo tipo y el sonido de una campanilla,
se convirtieron, sin mucho esfuerzo, en nuestra canción.

Ella, agradecida e impresionante como siempre.
Agraciada y segura como el primer día.
Decidida y feliz como nunca.
Ella, la última persona que veo antes de dormir para soñar con ella.
Su aroma, que se queda conmigo como si me abrazara.
Y sus ojos, con esa luz que siempre amaré.

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