21.

Yo no vengo a contarte cuentos chinos.
Ni siquiera vengo a inventar tonterías.
Bueno, a veces.
Sencillamente intento abrir caminos,
siendo constante, 
todos los días, todos los meses.

Tampoco vengo a hacer castillos en el viento,
ni a pintar el cielo, ni a contar una fantasía.
Vine hasta aquí a hacer el intento,
lleno de valentía y con el pecho abierto.

Las razones siempre las supiste.
Lo que importa es lo que ahora te ofrezco.
Te doy lo que siempre has visto.
"Días como meses, años como siglos."

El 21 dejó de ser un simple número:
se convirtió en un lugar, un momento.
Se convirtió en un poema.
Se convirtió en algo nuestro.

C&J.
21-02.

Comentarios